Archivo de 5/06/06

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Pero… ¿por dónde?

5 Junio 2006

En los albores del siglo XX, el matemático francés Henri Poincaré observó un hecho particular mientras se daba un paseo vespertino por una playa marsellesa durante sus vacaciones estivales. Un joven y apuesto pescador de la localidad, tras un largo rato de forcejeros y tiras y aflojas con su caña, pescó una hermosa sirena.

Decir hermosa es, en realidad, quedarse corto ya que su parte humana superaba los cánones estéticos que podrían imaginar los artistas clásicos: la perfección de sus proporciones, ta tersura de su piel, la turgencia de sus senos, la profundidad de su mirada, la carnosidad de sus labios, la…

Bueno, todo eso.

El caso es que, tras unos instantes de confusión y resistencia por parte de la sirena, el pescador, cuyo nombre no ha llegado a nuestros días, consiguió sujetarla con fuerza y, ante la sorpresa de la mítica criatura, retirarle el anzuelo con la mayor delicadeza. A ver el cuidado que el pescador ponía en la tarea la sirena se dejó hacer y, curada ya la herida, le ofreció una sonrisa como no la ha visto ningún otro atardecer. Entonces el pescador la besó.

Se besaron con una pasion inusitada.

Los pocos testigos de aquella insólita escena apenas podían dar crédito a lo que vieron. Tras un largo rato de besos y caricias, que duraron hasta entrada la noche, el pescador la cogió al fin por la cintura y se la quedó mirando con fuego en los ojos. Pero, al poco torció el gesto con una mueca de tristeza, le dió un último beso y la devolvió al mar.

El profesor Poincaré, atónito, se acercó a él y le espetó:

-Pero, ¿por qué?

A lo que el pescador respondió:

-Pero, ¿por dónde?

Este hecho dejo turbado al matemático quien, movido por su afan científico, decidió poner solución a la duda del pescador. Durante años puso su intelecto al sevicio de tal propósito hasta que, como buen matemático que era, redujo el problema a fórmulas y ecuaciones, hasta desarrollar una nueva rama de las matemáticas: la topología. En 1904 enunció por fin la que más tarde sería conocida como Conjetura de Poincaré.

El caso es que el enunciado de dicha conjetura intenta demostrar que la esfera tridimensional es el único espacio limitado de tres dimensiones sin orificios (sic). Ya sabemos todos que una sirena no es precisamente una esfera, claro.

Sin embargo esta conjetura no pudo ser demostrada ni en su momento ni en los cien años siguientes, pero parece que un par de investigadores chinos han dado recientemente con la solución.

Henri Poincaré murió sin ver su conjetura confirmada, pero pasó los últimos años de su vida dedicándose a la pesca en Marsella.

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