
Crítica literaria destructiva: Fanshawe
15 Junio 2006Hasta ayer yo estaba prometido con un gorila furioso lanzabarriles llamado Fanshawe que conocí en el foro de Artesonado. Me enamoré de su cuerpo velludo y su irascible caracter.
Hace cosa de un mes, mientras recorría la sección de libros de autoayuda de una conocida librería de Bilbao, acabé por error en la estantería de “clásicos de bolsillo” y, en el instante en el que iba a salir huyendo de allí, apareció ante mis ojos el estrecho lomo de un libro del que jamás había oído hablar y que tenía por título, precisamente, Fanshawe. Su autor, Nathaniel Hawthorne.
Febril y azorado compré presto el pequeño artículo que yo pensaba destinado a hacerme partícipe de las más íntimas interioridades de quien era dueño de mis desvelos. También me hice con Salambô y encargué A la Sombra de las Muchachas en Flor.
Para no dejarme llevar por la excitación empecé con Salambô, excelente novela histórica donde Flaubert nos pone al tanto de las peripecias de Amílcar Barca en su defensa de Cartago de los mercenarios con los que previamente había luchado contra Roma, pero esa es otra historia que debe ser cotada en otro momento, por otra persona.
Ayer empecé con Fanshawe. La novela comienza con la descripción de una antigua universidad de Nueva Inglaterra y yo, pensando aquello de que muy antigua no podía ser en el siglo dicecinueve, me propuse, por curiosidad, averiguar las fechas más o menos exactas en las que estaba ambientada la historia. Como quiera que la edición que tenía en mis manos es de esas que vienen precedidas de cien páginas de comentarios sobre la vida, obra y milagros de autor, me valí de ella misma para dicha indagación. El hecho de que la obra sea de 1.828 resulta ahora irrelevante.
Resulta que Fanshawe es la opra prima del autor de La Letra Escarlata. Parece ser que gozó en general de buenas críticas, salvo alguna demoledora excepción. Pero cual no sería mi sorpresa al descubrir que, lejos de promocionar su obra, Hawthorne acabó rechazándola, intentando hacerse con todos los ejemplares que tenían sus allegados para quemarlos, prohibiendo a familiares y amigos que hablaran de ella y negando incluso su autoría.
Instintivamente no quise darle importancia a aquello. Pensé: “bueno, si la crítica en general lo trató bien será porque tiene algo de interesante”, pero poco a poco empezó a apoderarse de mí una profunda sensación de estafa. Estafa hacia mí y desprecio hacia el autor. Semejante obra debería estar disponible sólo como rareza, para investigadores de la obra de Hawthorne, arqueólogos de la literatura, y con advertencia de que ese es su único destino.
En esas circustancias no he podido continuar con la lectura. Por respeto al escritor, de quien no tengo formada ninguna opinión y que o he leido ninguna otra obra suya, he decidido que voy a hacer lo que él siempre quiso: quemar el libro y olvidarme de él.
Pero como es intrinseco a la condición humana dejarse condicionar por las circunstancias, bien sean agradables o nefandas, que rodean a una persona para hacer valoración de la persona misma, esta nube de decepción contamina también al propio gorila Fanshawe quien, desde ayer, ha dejado de ser objeto de mi estima y con quien rompo relaciones más allá del simpre compañerismo mierdero del foro Artesonado.
Ya he llamado al párroco y al restaurante para cancelar boda y banquete.