
Los derechos de autor, parte 1 “Ahora dicen que el tabaco provoca cáncer”
30 Junio 2006El domingo pasado monseñor Mondino disertó sobre el candente tema de la ley de propiedad intelectual. Como la homilía le salió algo extensa –se le durmió más de la mitad de los feligreses –y se fue un poco por los cerros de Úbeda, la pongo en dos partes. La primera es una introducción que se puede leer de manera independiente. Hela aquí:
Es sabido, aunque no por muchos, que por más que creamos ser honestamente lógicos y objetivos, las opiniones que las personas sostenemos sobre cualquier materia no son fruto de un razonamiento lógico e imparcial, sino que nos construimos este razonamiento –pocas veces lógico, casi nunca imparcial –para que se acomode a la opinión que tenemos formada en función de nuestros intereses y necesidades.
Esta idea se hace evidente en cuanto analizamos cualquier debate público: si se habla de seguir financiando a la iglesia católica con dinero público, siempre serán los católicos los que casualmente encontrarán argumentos racionales a favor y los menos religiosos los que se postularán en contra, quienes están a favor del intervencionismo del Estado en materias como la vivienda son los que no tienen una casa y los que desean un despido barato son –también por pura casualidad –los empresarios. Si se habla de poner un ascensor en una comunidad de vecinos siempre es el del primero el que se opone, si se decide limitar por ley la velocidad de los automóviles, los fabricantes encontrarán argumentos para oponerse y así con cada tema de discusión posible hasta el más nimio entre amigos.
Lo curioso de esto tan obvio es que si preguntas a cualquiera el porqué de su postura casi nunca te responderá con un “porque es lo que a mí me interesa”, sino que te disparará una ráfaga de argumentos construidos a medida de sus necesidades. Desde el gorrón que no paga la ronda en el bar hasta el traficante de armas justificarán su actitud de manera más o menos rocambolesca, porque nadie que no esté bajo los efectos de una depresión piensa de sí mismo que es una mala persona. Cuanto más injustificable sea una actitud, más absurdo será el argumento que lo justifique; no hace mucho que mis oídos se vieron obligados a escuchar un “ahora dicen que el tabaco provoca cáncer” de boca de –oh, qué casualidad –un estanquero. Los fumadores son una fuente inagotable de ejemplos, pero todos podemos, si hacemos un pequeño esfuerzo, reconocernos a nosotros mismos buscando argumentos que refuten indiscriminadamente nuestra opinión a toda costa después de haber tenido una discusión.
Somos muy pocos los que tenemos plena conciencia de esto y menos aun los que, rara vez, somos capaces de trascender de esta ley de auto justificación y opinar en contra de nuestros intereses o dar la razón a quien nos contradice.
Así pues, cuando yo mismo me pongo del lado de los que están en contra de la cruzada recaudatoria de la SGAE y la ley de propiedad intelectual, reconozco que quizá si me creo los muchos y sólidos argumentos que circulan dándome la razón sea, simple y llanamente, porque soy el primero que se baja música con el emule. A todos los que participan en este debate pediría que hagan autocrítica en este sentido, pero sé que es predicar en el desierto.
Lo curioso es que el Páter diga esto cuando él jamás -pero nunca jamás -admite una opinión contraria a la suya.
primero: el padre contraviene el edicto de disfraces.
si yo salgo como bailarina de comparsa a la calle sin carnaval, me llevan presa.
en cambio a él, quién lo apresa? y anda de vestido largo sin fiesta que lo justifique ni sexo que lo ampare.
dicho ésto (sería ahora el turno de poner segundo), el padre me cae bien.
me inspira a confesarme, fundamentalmente cuando pretende situar su prédica en un escenario desértico, a modo de tentación o castigo.
y ahi vamos nosotros, pobres camellitos sedientos de perdón, en búsqueda de pésames que aumenten la carga.
Muy bien expuesto, sí, nuestros razonamientos siempre van de la mano de nuestros intereses, y por tanto dejan de ser razonamientos y se convierten en meras autojustificaciones. Sin embargo, el tema de la SGAE no va incluido. A mí me parece mal quebrantar los derechos de autor, aunque yo mismo lo haga, independientemente de las acciones de la SGAE. La SGAE ha aprovechado la coyuntura para erigirse en nombre de los autores cuando ella misma no son todos los autores. Creo que la SGAE tiene un punto más de bastardez que el que podamos tener nosotros, meros desgraciadores de derechos de autor usando el emule. Cómo me enrollo…se resume en, aunque yo no utilizara el emule, seguiría estando en contra de esos parásitos.
Si un día cualquiera al despertar descubrimos que la SGAE se retracta argumentado que la industria audiovisual debe adaptarse a los nuevos tiempos, en ese día de celebración para todos, sentiré que la mula ha perdido su romanticismo y echaré de menos a los distribuidores y productores que engordan los precios.
Discutir es, ante todo, muy divertido.