Archive for 30 junio 2006

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Los derechos de autor, parte 1 “Ahora dicen que el tabaco provoca cáncer”

30 junio 2006

El domingo pasado monseñor Mondino disertó sobre el candente tema de la ley de propiedad intelectual. Como la homilía le salió algo extensa –se le durmió más de la mitad de los feligreses –y se fue un poco por los cerros de Úbeda, la pongo en dos partes. La primera es una introducción que se puede leer de manera independiente. Hela aquí:

Es sabido, aunque no por muchos, que por más que creamos ser honestamente lógicos y objetivos, las opiniones que las personas sostenemos sobre cualquier materia no son fruto de un razonamiento lógico e imparcial, sino que nos construimos este razonamiento –pocas veces lógico, casi nunca imparcial –para que se acomode a la opinión que tenemos formada en función de nuestros intereses y necesidades.

Esta idea se hace evidente en cuanto analizamos cualquier debate público: si se habla de seguir financiando a la iglesia católica con dinero público, siempre serán los católicos los que casualmente encontrarán argumentos racionales a favor y los menos religiosos los que se postularán en contra Read the rest of this entry ?

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El Padre Mondino Contra La Tortura

28 junio 2006

Acabo de pasar a limpio una disertación del Pater Bitacorae sobre la tortura. No es nueva, pero sigue siendo, desgraciadamente, un tema de actualidad. Dice así:

Hermanos. Hermanas. Hoy voy a hablaros del Demonio.

Ya os podéis imaginar que, siendo un sacerdote que no cree en Dios, tampoco creo en el Demonio, por lo que me refiero a éste en sentido figurado como representación de todo lo que es intrínsecamente malo. En este caso me voy a centrar en la cantante Shakira y su conocida canción “La Tortura” que, como ninguna otra se define a sí misma en el título.

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El Calculatron

16 junio 2006

Desde la proa del veloz navío oteas ansioso hacia el levante crepuscular. Esperas que, antes que el día exhale su último aliento luminoso, la vieja Creta rompa el horizonte con su abrupto relieve tal y como predijo la máquina de Demónades. Te llamas Theodotos, eres el capitán y dueño del mercante que llevas a Atenas cargado de trigo. Desde que la ciudad se unió al rey del Ponto en la guerra contra Roma las despensas atenienses no dan abasto para la población y los barcos que otros años llegaban desde Chipre están bloqueados ahora por el enemigo. Atenas pasa hambre.

Muchos han intentado traer provisiones desde lugares lejanos, pero siempre han sido interceptados, desde ningún puerto a menos de un mes de distancia puede partir ningún mercante griego con provisiones; el mar es romano desde las columnas de Hércules hasta Antioquia. Pero tú vienes de Hispania, donde dijiste que eras griego de Alejandría, fiel a la República, cargaste trigo barato y, evitando todos los puertos romanos, has cortado el Mediterráneo como un cuchillo por alta mar, hasta llegar a Creta.

Al menos eso esperas.

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Crítica literaria destructiva: Fanshawe

15 junio 2006

Hasta ayer yo estaba prometido con un gorila furioso lanzabarriles llamado Fanshawe que conocí en el foro de Artesonado. Me enamoré de su cuerpo velludo y su irascible caracter.

Hace cosa de un mes, mientras recorría la sección de libros de autoayuda de una conocida librería de Bilbao, acabé por error en la estantería de “clásicos de bolsillo” y, en el instante en el que iba a salir huyendo de allí, apareció ante mis ojos el estrecho lomo de un libro del que jamás había oído hablar y que tenía por título, precisamente, Fanshawe. Su autor, Nathaniel Hawthorne.

Febril y azorado compré presto el pequeño artículo que yo pensaba destinado a hacerme partícipe de las más íntimas interioridades de quien era dueño de mis desvelos. También me hice con Salambô y encargué A la Sombra de las Muchachas en Flor.

Para no dejarme llevar por la excitación empecé con Salambô, excelente novela histórica donde Flaubert nos pone al tanto de las peripecias de Amílcar Barca en su defensa de Cartago de los mercenarios con los que previamente había luchado contra Roma, pero esa es otra historia que debe ser cotada en otro momento, por otra persona.

Ayer empecé con Fanshawe. La novela comienza con la descripción de una antigua universidad de Nueva Inglaterra y yo, pensando aquello de que muy antigua no podía ser en el siglo dicecinueve, me propuse, por curiosidad, averiguar las fechas más o menos exactas en las que estaba ambientada la historia. Como quiera que la edición que tenía en mis manos es de esas que vienen precedidas de cien páginas de comentarios sobre la vida, obra y milagros de autor, me valí de ella misma para dicha indagación. El hecho de que la obra sea de 1.828 resulta ahora irrelevante.

Resulta que Fanshawe es la opra prima del autor de La Letra Escarlata. Parece ser que gozó en general de buenas críticas, salvo alguna demoledora excepción. Pero cual no sería mi sorpresa al descubrir que, lejos de promocionar su obra, Hawthorne acabó rechazándola, intentando hacerse con todos los ejemplares que tenían sus allegados para quemarlos, prohibiendo a familiares y amigos que hablaran de ella y negando incluso su autoría.

Instintivamente no quise darle importancia a aquello. Pensé: “bueno, si la crítica en general lo trató bien será porque tiene algo de interesante”, pero poco a poco empezó a apoderarse de mí una profunda sensación de estafa. Estafa hacia mí y desprecio hacia el autor. Semejante obra debería estar disponible sólo como rareza, para investigadores de la obra de Hawthorne, arqueólogos de la literatura, y con advertencia de que ese es su único destino.

En esas circustancias no he podido continuar con la lectura. Por respeto al escritor, de quien no tengo formada ninguna opinión y que o he leido ninguna otra obra suya, he decidido que voy a hacer lo que él siempre quiso: quemar el libro y olvidarme de él.

Pero como es intrinseco a la condición humana dejarse condicionar por las circunstancias, bien sean agradables o nefandas, que rodean a una persona para hacer valoración de la persona misma, esta nube de decepción contamina también al propio gorila Fanshawe quien, desde ayer, ha dejado de ser objeto de mi estima y con quien rompo relaciones más allá del simpre compañerismo mierdero del foro Artesonado.

Ya he llamado al párroco y al restaurante para cancelar boda y banquete.

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Pero… ¿por dónde?

5 junio 2006

En los albores del siglo XX, el matemático francés Henri Poincaré observó un hecho particular mientras se daba un paseo vespertino por una playa marsellesa durante sus vacaciones estivales. Un joven y apuesto pescador de la localidad, tras un largo rato de forcejeros y tiras y aflojas con su caña, pescó una hermosa sirena.

Decir hermosa es, en realidad, quedarse corto ya que su parte humana superaba los cánones estéticos que podrían imaginar los artistas clásicos: la perfección de sus proporciones, ta tersura de su piel, la turgencia de sus senos, la profundidad de su mirada, la carnosidad de sus labios, la…

Bueno, todo eso.

El caso es que, tras unos instantes de confusión y resistencia por parte de la sirena, el pescador, cuyo nombre no ha llegado a nuestros días, consiguió sujetarla con fuerza y, ante la sorpresa de la mítica criatura, retirarle el anzuelo con la mayor delicadeza. A ver el cuidado que el pescador ponía en la tarea la sirena se dejó hacer y, curada ya la herida, le ofreció una sonrisa como no la ha visto ningún otro atardecer. Entonces el pescador la besó.

Se besaron con una pasion inusitada.

Los pocos testigos de aquella insólita escena apenas podían dar crédito a lo que vieron. Tras un largo rato de besos y caricias, que duraron hasta entrada la noche, el pescador la cogió al fin por la cintura y se la quedó mirando con fuego en los ojos. Pero, al poco torció el gesto con una mueca de tristeza, le dió un último beso y la devolvió al mar.

El profesor Poincaré, atónito, se acercó a él y le espetó:

-Pero, ¿por qué?

A lo que el pescador respondió:

-Pero, ¿por dónde?

Este hecho dejo turbado al matemático quien, movido por su afan científico, decidió poner solución a la duda del pescador. Durante años puso su intelecto al sevicio de tal propósito hasta que, como buen matemático que era, redujo el problema a fórmulas y ecuaciones, hasta desarrollar una nueva rama de las matemáticas: la topología. En 1904 enunció por fin la que más tarde sería conocida como Conjetura de Poincaré.

El caso es que el enunciado de dicha conjetura intenta demostrar que la esfera tridimensional es el único espacio limitado de tres dimensiones sin orificios (sic). Ya sabemos todos que una sirena no es precisamente una esfera, claro.

Sin embargo esta conjetura no pudo ser demostrada ni en su momento ni en los cien años siguientes, pero parece que un par de investigadores chinos han dado recientemente con la solución.

Henri Poincaré murió sin ver su conjetura confirmada, pero pasó los últimos años de su vida dedicándose a la pesca en Marsella.

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Actualización:

 

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El titular del día (de ayer)

1 junio 2006

En 20 minutos

En El País, con sorprendentes revelaciones

En la SER

En El Mundo, con especial incluido

En el ABC, con varios reportajes.

Todos ocupando la portada de sus webs, como noticia estelar. Se pueden imaginar la de cosas que pasan en el mundo mientras tanto, claro, pero sólo yo he descubierto, tras una ardua labor de investigación, la gran noticia del día:

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