Archive for 29 enero 2007

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Kozinski vs. Gallardón, Round 2: Hoy envío la carta

29 enero 2007

Hace ya algún tiempo sufrí en mis propias carnes un acto de abuso de autoridad de cuyas secuelas sicológicas quizá nunca me recupere.

Con un par de años y medio de retraso, hoy voy a enviar la carta de protesta que escribí en su día. Dice así:

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La Alguacilada (III)

16 enero 2007

El cadáver vestía unos ropajes completamente extraños para la gente de la aldea, el cuero y el lino eran desconocidos para ellos, así como el revolver que llevaba a la cintura. Ningún indicio revelaba la causa de su muerte a la vista de las gentes que se arremolinaban a su alrededor.

¡Alejaos, insensatos! Saltó de repente la alcaldesa como todos esperaban. ¿No os dais cuenta de que puede haber muerto por una enfermedad contagiosa? Es preciso llevarlo fuera del pueblo y quemarlo inmediatamente ¿Dónde se ha metido el idiota del alguacil? Aquí estoy ¿A qué esperas para cumplir mis órdenes? ¡Nos encontramos ante una posible crisis epidemiológica! Hay que reconocer que la alcaldesa se había leído muchos de los libros que quedaban el la antigua biblioteca, a menudo recurría a expresiones que nadie en el pueblo había escuchado antes. Por otro lado, no le importaba saber que lo que decía carecía de un mínimo de fundamento, lo único importante para ella era hacer cumplir sus órdenes.

¡Un momento! La desgastada voz del abuelo sorprendió a todos por enérgica e inesperada: nadie se había percatado de su llegada al grupo de gente que asistía a la escena haciendo corro alrededor del muerto. Entonces, en un gesto que sería recordado en el pueblo por muchas generaciones, se acercó al cuerpo inerte del extranjero, se agachó a su lado y le despojó de un collar de latón oxidado que llevaba al cuello. Hecho esto se lo puso alrededor del suyo y se alejó diciendo para sí: ya era hora ¡Cojones!

Cierto es que el acto en sí no parece ser merecedor de ninguna consideración especial, pero es menester hacer un alto en este punto de la historia para explicar un hecho que formaba parte de la memoria colectiva del pueblo. Desde tiempos olvidados para todos menos para él, el abuelo era conocido por hablar solo, repitiendo una y otra vez la misma frase: algún día volverá, y entonces recuperaré lo que es mío ¡Cojones! El abuelo hablaba muy poco, pero casi todo lo que decía lo apostillaba con la misma genital expresión.