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La prosa del ertzaina

4 febrero 2007

A raíz de una serie de acontecimientos acaecidos el pasado martes me vi en la penosa obligación de presentar una denuncia en la comisaría de la ertzaintza de Getxo. La más absoluta indignación y rabia me obligan a transcribir aquí la denuncia íntegra y literal:

(Nota: los hechos aquí expuestos son REALES y RIGUROSAMENTE CIERTOS, algunos nombres han sido modificados para preservar mi anonimato) Lee el resto de esta entrada »

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Kozinski vs. Gallardón, Round 2: Hoy envío la carta

29 enero 2007

Hace ya algún tiempo sufrí en mis propias carnes un acto de abuso de autoridad de cuyas secuelas sicológicas quizá nunca me recupere.

Con un par de años y medio de retraso, hoy voy a enviar la carta de protesta que escribí en su día. Dice así:

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La Alguacilada (III)

16 enero 2007

El cadáver vestía unos ropajes completamente extraños para la gente de la aldea, el cuero y el lino eran desconocidos para ellos, así como el revolver que llevaba a la cintura. Ningún indicio revelaba la causa de su muerte a la vista de las gentes que se arremolinaban a su alrededor.

¡Alejaos, insensatos! Saltó de repente la alcaldesa como todos esperaban. ¿No os dais cuenta de que puede haber muerto por una enfermedad contagiosa? Es preciso llevarlo fuera del pueblo y quemarlo inmediatamente ¿Dónde se ha metido el idiota del alguacil? Aquí estoy ¿A qué esperas para cumplir mis órdenes? ¡Nos encontramos ante una posible crisis epidemiológica! Hay que reconocer que la alcaldesa se había leído muchos de los libros que quedaban el la antigua biblioteca, a menudo recurría a expresiones que nadie en el pueblo había escuchado antes. Por otro lado, no le importaba saber que lo que decía carecía de un mínimo de fundamento, lo único importante para ella era hacer cumplir sus órdenes.

¡Un momento! La desgastada voz del abuelo sorprendió a todos por enérgica e inesperada: nadie se había percatado de su llegada al grupo de gente que asistía a la escena haciendo corro alrededor del muerto. Entonces, en un gesto que sería recordado en el pueblo por muchas generaciones, se acercó al cuerpo inerte del extranjero, se agachó a su lado y le despojó de un collar de latón oxidado que llevaba al cuello. Hecho esto se lo puso alrededor del suyo y se alejó diciendo para sí: ya era hora ¡Cojones!

Cierto es que el acto en sí no parece ser merecedor de ninguna consideración especial, pero es menester hacer un alto en este punto de la historia para explicar un hecho que formaba parte de la memoria colectiva del pueblo. Desde tiempos olvidados para todos menos para él, el abuelo era conocido por hablar solo, repitiendo una y otra vez la misma frase: algún día volverá, y entonces recuperaré lo que es mío ¡Cojones! El abuelo hablaba muy poco, pero casi todo lo que decía lo apostillaba con la misma genital expresión.

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La conjura de los necios (II)

29 diciembre 2006

Esto es lo que Bisbal cree que está pasando:

“Si se ilegalizara el emule se salvaría la música”.

Esto es lo que en realidad está pasando, Ricitos de Oro:

Si se ilegalizara el emule te salvarías tú. Si te ilegalizaran a ti se salvaría la música.

Nota: Me veo obligado a crear una categoría llamada La conjura de los necios. Es lo que tiene la realidad, que se impone.

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La conjura de los necios

28 diciembre 2006

Por más que uno intente exagerar hasta el absurdo las chorradas que dice, siempre hay algún tonto que se las toma en serio.

Si algún día el hombre termina de desvelar todos los misterios del universo, aún quedarán por investigar las infinitas posibilidades de la estupidez humana.

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La Alguacilada (II)

23 diciembre 2006

Antes de caer el sol, una comitiva de bienvenida encabezada por el propio alguacil, partía del pueblo al encuentro del extranjero. Entretanto, en la casa consistorial se reunían, a puerta cerrada, los Tres Principales de la villa. La alcaldesa representaba en este trío la voluntad del pueblo, el abuelo debía, en principio, aportar una dosis de sabiduría tan necesaria en estos tiempos en los que alcanzar la cincuentena resultaba extraordinario. La otra pata del trípode sobre el que se tomaban las decisiones más importantes del pueblo era sostenida por monseñor, la única y más alta autoridad moral cuya misión consistía en preservar las sagradas tradiciones, alentar y vigilar el cumplimiento de las leyes de Altísimo y difundir su palabra a las nuevas generaciones. Lee el resto de esta entrada »

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La Alguacilada (I)

13 diciembre 2006

¡Alarma! ¡Alarma! Gritaba ebrio el alguacil, mientras bajaba corriendo a trompicones la ladera del monte sobre el cual se erguía la vieja atalaya de vigilancia del pueblo. Tal era la agitación del funcionario, que se había olvidado por completo de los menesteres que le habían mantenido ocupado hasta hacía apenas unos segundos, motivo por el cual sobresalía de su bragueta abierta una enhiesta verga que apuntaba, arrogante, un poco más alto que el horizonte sin que, en ningún momento, su dueño tomara conciencia de ello.

Curiosamente, fue aquel detalle el que hizo comprender a sus convecinos que no era el alcohol el que, como casi siempre, hablaba por su boca. Al fin y al cabo el alguacil era un hombre que sabía mantener la compostura aun en los momentos más críticos de una borrachera. Quizá era lo único que supiera hacer.

Era jueves por la tarde y, como todos los jueves por la tarde, la mayoría de los lugareños se recogían en sus casas para reponer las fuerzas que habían perdido en la dura jornada de trabajo previa. Aun así, para cuando el alguacil llegó a la plaza del ayuntamiento ya le esperaba un grupo de vecinos sorprendidos –tanto por lo inusual de su solicitud como por la criatura que se asomaba desde su entrepierna –encabezados por la alcaldesa.

¡Alarma¡ Continuó gritando entre jadeos de cansancio ¡Está llegando…! ¡Un visitante!

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